Soy yo,
culpable de tu tortilla,
¿la ponemos aquí? que alimente
la suerte de las hormigas.
Y de tan mal te he hecho
sírveme con patatas fritas.
Teníamos el edén
en la punta de los dedos,
me equivoco y noto el cristal
que rebana mis adentros.
Fue tu excusa perfecta
en la que nunca
hiciste nada malo.
Bailaré, con tu sinfín de canciones,
borracho entre ascensores
hasta que tu ojos
de pino mojado
no perdonen,
el hueco que abate mi abdomen.