Roto,
juguete de verano.
cristalera repartida
por el suelo.
Roto,
con los grados espirales
de mi espíritu partido
en añicos
que solo tus dedos
pueden juntar.
Roto,
sin manos que hagan
nuevo recipiente,
con el que compartir
las caricias que llevo dentro
esparcidas en cada fragmento
que queda tras el martillo.